La pandemia COVID-19 está teniendo un efecto
catastrófico en el tiempo de trabajo y en los ingresos, a nivel mundial. Un
nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), destaca algunos de los sectores y regiones más
afectados, y esboza unas políticas para mitigar la crisis.
Se prevén enormes pérdidas en los distintos grupos de
ingresos, en particular en los países de ingresos medios altos (7 por ciento o
100 millones de trabajadores a tiempo completo). Esto supera con creces los
efectos de la crisis financiera de 2008-2009.
Los sectores más expuestos al riesgo incluyen los
servicios de hospedaje y restauración, la manufactura, el comercio minorista y
las actividades empresariales y administrativas.
El posible aumento del desempleo mundial durante 2020
dependerá de manera considerable de la evolución futura y de las medidas
políticas que serán adoptadas. Existe un riesgo elevado de que para final de
año la cifra será significativamente más alta que la previsión inicial de la
OIT, de 25 millones de desempleados.
Más de cuatro de cada cinco personas (81 por ciento)
de los 3.300 millones que conforman la fuerza de trabajo mundial están siendo
afectadas por cierres totales o parciales de su lugar de trabajo.
La segunda edición del Observatorio de la OIT: El COVID-19
y el mundo del trabajo, describe el COVID-19 como “la peor crisis mundial desde
la Segunda Guerra Mundial”, actualiza la primera nota de investigación de la
OIT publicada el 18 de marzo. La nueva versión incluye información sectorial y
regional sobre los efectos de la pandemia.
Según el nuevo estudio, 1.250 millones de personas
trabajan en los sectores considerados de alto riesgo de sufrir “drásticos y
devastadores” aumentos en los despidos y disminución de los salarios y horas de
trabajo.
A nivel regional, la proporción de trabajadores en
estos sectores en riesgo varía de 43 por ciento en las Américas, a 26 por
ciento en África. Algunas regiones, África en particular, tienen niveles de
informalidad más altos, lo cual unido a la falta de protección social, gran
densidad de población y débil capacidad, plantea a los gobiernos serios
desafíos sanitarios y económicos, advierte el informe.
A nivel mundial, dos mil millones de personas trabajan
en el sector informal (la mayoría en las economías emergentes y en desarrollo)
y corren un riesgo especial.
Es necesario adoptar medidas políticas integradas y a
gran escala, centradas en cuatro pilares: apoyar a las empresas, al empleo y
los ingresos; estimular la economía y los empleos; proteger a los trabajadores
en el lugar de trabajo; y utilizar el diálogo social entre gobiernos,
trabajadores y empleadores a fin de encontrar soluciones, señala el estudio.
“Esta es la mayor prueba para la cooperación
internacional en más de 75 años”, afirmó Guy Ryder, Director General de la OIT. También añadió que si un país fracasa, entonces habrán fracasados todos, ya que unánimes deben buscar que ayuden a todos los
segmentos de la sociedad global, en particular los más vulnerables y los
que tienen menores posibilidades de valerse por sí mismos.
“Las decisiones que tomemos hoy afectarán directamente
la manera en que esta crisis evolucionará así como la vida de miles de millones
de personas”, agregó. “Con las medidas correctas podemos limitar su impacto y
las heridas que dejará. Nuestro objetivo debe ser reconstruir mejor para que
nuestros nuevos sistemas sean más seguros, más justos y más sostenibles de los
que permitieron que esta crisis ocurriera”.

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